Me gusta que la gente me traiga cosas de sus viajes, sobre todo si son de lugares lejanos. Lo que más me gusta son las postales. Lo que más odio, las camisetas. En mi casa tengo una bola de esas rellenas de agua con copos de nieve, que tiene dentro el Colosseo de Roma. Es tan espantosa que siempre que la veo me provoca una sonrisa.
Pero nunca se sabe lo que puede encerrar un souvenir. Muchas de estas reproducciones de catedrales, estatuas, plazas, son tremendamente pesadas. Su objetivo natural es ser pisapapeles, probablemente en algún estudio o despacho con grandes ventanales, que dejan pasar la brisa.
Ayer, uno de estos terribles y pesados souvenirs fue a parar a la cara del Premier, Silvio Berlusconi. Se lo ha lanzado un hombre de 42 años, de la zona de Milán, en medio de una manifestación / baño de masas en la que el Presidente del Consejo estaba participando.
La primera respuesta ha sido la condena unánime del ataque violento por parte de todas las formaciones políticas. Lo ha condenado también Antonio di Pietro, del partido IdV, sólo que subrayando que era Berlusconi el que había creado el clima de tensión y violencia, con sus continuos ataques a la prensa, los jueces y la “oposición”. Evidentemente, todos se le han echado encima.
Este incidente, para lo único que sirve, es para que Berlusconi continue con su victimismo absurdo de patio de colegio. Y, en vez de tratar de analizar qué es lo que pasa para que se dé una situación de violencia similar, simplemente consigue que se refuerce la dicotomía: quién no condena absolutamente lo sucedido (senza se, e senza ma, como dicen aquí) es que está a favor de la violencia y contra la democracia. Discurso típico de líder derechista sin argumentos, veáse George Bush.
La respuesta de las redes sociales no se ha hecho esperar, y se han creado grupos en Facebook tanto a favor como en contra de lo sucedido. Es difícil explicar la fractura social que se observa entre partidarios y contrarios a Berlusconi, ya que me parece que es bastante emocional y se basa en la absoluta incapacidad de encontrar lógica a la visión del oponente. Y es cierto que existe un clima de odio y revanchismo, pero que ese clima lo enardece él con sus comentarios tipo “estamos cerca de la guerra civil”, es un hecho.
Esta agresión sólo servirá a elevarle a la categoría de mártir, a demonizar a la izquierda (aunque en este caso, ni pincha ni corta) y a justificar aberraciones legistativas en materia de seguridad y de protección “ad personam”. Lo que nos faltaba.